lunes, 3 de septiembre de 2012

HUBO DOS INFORMES DE CEPAL: UNO MARCÓ 15,0% Y EL SEGUNDO, 14,4%

Las desconocidas gestiones del gobierno ante la CEPAL que lograron bajar los índices de pobreza
Por : Juan Andrés Guzmán y Mónica González en Reportajes de investigación
Publicado: 31.08.2012


El 20 de julio el gobierno entregó el índice de pobreza en Chile: 14,4%. El anuncio desató una ácida polémica sobre la metodología empleada. Lo que hasta ahora no se dijo es que entre el 12 y el 20 de julio la CEPAL entregó a MIDEPLAN dos informes con los resultados de la encuesta CASEN. Entre ambos hay sólo una diferencia: la inclusión de la respuesta a la pregunta “y11” sobre ingresos de los desocupados de las familias. En el primer informe la CEPAL la desestimó y calculó la pobreza en 15%, lo mismo que registró la CASEN 2009. Al incluirla en el segundo informe, a petición de MIDEPLAN, el índice bajó a 14,4%.

Entre el 12 de julio, fecha en que la CEPAL entregó los resultados consolidados de la encuesta CASEN al Ministerio de Desarrollo Social (MIDEPLAN), y el 20 de ese mismo mes, cuando el Presidente Sebastián Piñera y el ministro Joaquín Lavín dieron a conocer públicamente el resultado oficial de la medición de la pobreza en Chile, ocurrieron tres hitos que modificaron las cifras finales que se entregaron a la opinión pública. En sólo ocho días el porcentaje de los pobres bajó de 15,0% a 14,4%. Esos tres hitos hasta ahora se han mantenido bajo estricta reserva.

Aún cuando se desconocía que se agregaron datos, lo que terminó modificando el resultado final de la CASEN hecho por la CEPAL, en el mundo académico surgieron críticas y exigencias para que se aclarara detalladamente la metodología empleada. Una crítica que cobró fuerza el 8 de agosto, cuando un grupo de reputados economistas se dio cita en la sede del Centro de Estudios Públicos (CEP), para analizar los resultados de la encuesta. Las preguntas que le formuló allí Dante Contreras, director del departamento de Economía de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, al ministro Joaquín Lavín, motivaron una ardua polémica pública que perdura hasta hoy.

-Estoy preocupado. Estoy preocupado básicamente por dos elementos. Uno es cómo se van a leer los resultados; y segundo, de qué manera algunos cambios metodológicos que a mi juicio se han introducido en la CASEN podrían afectar la lectura de los mismos. Con el ánimo de comunicar correctamente cuáles son los resultados de la encuesta, con el ánimo de preservar la institucionalidad que hemos construido en Chile por mucho tiempo, a mí me parece muy relevante plantearle estas preguntas al ministro –dijo Contreras, al iniciar su intervención en el auditorium del CEP.

Dante Contreras culminó su intervención con un resumen de sus preguntas al ministro: “1. ¿Cuál es el error estándar de pobreza? ¿Por qué una muestra, por qué dos muestras, cómo vamos a agregar los indicadores? 2. ¿Cómo se valoró el bono? 3. ¿Cuál es el impacto de la nueva pregunta sobre ingreso autónomo? 4. ¿Cuál es la comparabilidad de las cifras entregadas hasta el momento? Creo que esto tiene que quedar absolutamente claro y yo esperaría no tener ni una sorpresa más respecto a esta encuesta”.

Las preguntas fueron concretas. Y no tuvieron respuesta precisa. Y sí hay nuevas sorpresas. CIPER investigó y detectó una serie de hechos inéditos y graves en la elaboración de los resultados consolidados de la última encuesta de Caracterización Socioeconómico Nacional (CASEN) que cada tres años mide, entre otras cosas, cuántos pobres e indigentes hay en Chile. El primero de los tres hitos que terminaron modificando las cifras ocurrió el jueves 12 julio. Ese día la CEPAL, organismo encargado hace décadas de recibir los datos de la CASEN, procesarlos, corregir los errores y entregar las cifras finales, informó a MIDEPLAN que la pobreza para 2011 era de 15%, guarismo idéntico al registrado en la CASEN de 2009 (15,1%).

Tres días después, el 14 de julio, tuvo lugar el segundo hito. Ese sábado, tres funcionarios de MIDEPLAN responsables de la encuesta CASEN en esa cartera, le enviaron por correo electrónico una minuta a Juan Carlos Feres, jefe de la División de Estadísticas Sociales de la CEPAL, quien trabaja en la CASEN desde 1987. La minuta estaba firmada por Andrés Hernando, jefe de la División de Estudios de Desarrollo Social de MIDEPLAN -quien acaba de asumir la dirección ejecutiva del Centro de Estudio Horizontal-, y Carolina Casas-Cordero, funcionaria del Observatorio Social del mismo ministerio. Sobre la identidad del tercer profesional, no hay certeza. En el documento se argumentó que se debía incluir en el cálculo la información resultante de la pregunta denominada “y11”, que consultaba por los ingresos de familiares no remunerados desocupados e inactivos.

Según la información recogida por CIPER entre distintos profesionales que trabajaron en el procesamiento de datos de la encuesta, el equipo de la CEPAL había desechado esa pregunta. Lo hizo porque consideró que no era posible precisar si el tipo de ingresos que se declaraban en las respuestas a la consulta “y11” habían sido declarados en la CASEN 2009 y en encuestas anteriores. Para entender este punto hay que comprender la lógica de lo que los expertos llaman “comparabilidad”. No es que sea negativo averiguar qué otros ingresos tienen los chilenos. El punto es que si se incluyen ingresos que no se consideraban en otras encuestas, el resultado no puede compararse con encuestas anteriores.

Los expertos de la CEPAL analizaron la petición de MIDEPLAN. En esencia, los funcionarios del ministerio plantearon dos argumentos. El primero fue la defensa de la incorporación de nuevas preguntas que mostraran de mejor manera la realidad de los ingresos de los chilenos. El segundo, que los ingresos que se consideraban en las respuestas a la pregunta “y11” sí se habían incluido antes, por lo que era factible mantener la “comparabilidad”. Citando pruebas hechas con anterioridad a la aplicación de la CASEN (llamadas pre-test), afirmaron que lo que las personas respondieron a la polémica pregunta “y11” ya estaba incluido en la CASEN 2009 bajo la pregunta “otros ingresos”.

Es importante tener en cuenta que la CASEN 2011 no es la primera que incluye nuevas preguntas que agregan ingresos no consultados previamente. En 2006, por ejemplo, se incluyeron 19 nuevas consultas de ese tipo. La diferencia, como han dado a conocer expertos durante el ácido debate que se ha llevado adelante a partir de los datos de la CASEN 2011, es que esas preguntas se sometieron previamente a estudios y éstos indicaron que era posible comparar con versiones anteriores.

Pero el punto más importante para despejar toda duda sobre la metodología empleada es que, junto a los resultados de la encuesta, en las versiones anteriores esos estudios sobre preguntas nuevas estaban disponibles para todo aquel que quisiera consultarlos. En cambio, esta vez los “pre-test” citados por los funcionarios de MIDEPLAN en la minuta enviada a Juan Carlos Feres no fueron detallados. Nadie en la CEPAL tampoco pidió verlos para chequear su validez (en general los organismos internacionales no suelen exigir pruebas de lo que los gobiernos les informan). Y hasta ahora no se conocen. Es decir, no se puede probar ni desmentir, por falta de datos, que los ingresos declarados en las respuestas a la “y11” hayan estado bajo la pregunta “otros ingresos” en la versión 2009 de la encuesta.

Para reforzar lo argumentado por los funcionarios de MIDEPLAN ante la CEPAL, la subsecretaria de esa cartera, Soledad Arellano, se reunió con Juan Carlos Feres, de la CEPAL. Ese fue el tercer hito. La urgencia de la subsecretaria quedó en evidencia por la rapidez con que se concretó la cita. La reunión de Arellano y Feres se realizó el martes 17, el primer día hábil siguiente al envío de la minuta del sábado 14, pues el lunes 16 fue feriado. A los argumentos ya expuestos en la minuta, en ese encuentro Soledad Arellano agregó otro: en 2003, 2006 y 2009 también se introdujeron cambios y la CEPAL los validó.

No se sabe aún qué ocurrió en la CEPAL en las horas posteriores a la reunión sostenida por Soledad Arellano y Juan Carlos Feres. De lo que sí tuvimos constancia es que, al día siguiente, la CEPAL le entregó a MIDEPLAN un nuevo resultado consolidado del cálculo de la pobreza en Chile, el que incluyó la respuesta a la pregunta “y11”: 14,4%. Es decir, la inclusión de la cuestionada respuesta hizo bajar la pobreza en Chile en 0,6%, pues en esos ocho días transcurridos no hubo otra modificación a los datos entre la primera y la segunda entrega de la CEPAL a MIDEPLAN.

Consultado por CIPER, Juan Carlos Feres corroboró las dos entregas de la CASEN que hizo la CEPAL y la existencia de una minuta que pidió la inclusión de la polémica pregunta “y11”.

LA DIFUSIÓN

Dos días después de esa polémica segunda entrega de resultados por parte de la CEPAL, el viernes 20 de julio, el presidente Sebastián Piñera y el ministro de MIDEPLAN, Joaquín Lavín, difundieron el 14,4% como un éxito en la lucha contra la pobreza, al compararlo con el 15,1% obtenido en 2009 por la administración de Michelle Bachelet. La idea fuerza con que el gobierno leyó estos resultados fue expresada por el ministro Lavín, quien sintetizó: la pobreza cayó con Sebastián Piñera más que durante Michelle Bachelet, y lo hizo debido a que en el gobierno del Presidente Piñera se crearon más de 200 mil empleos al año (entre 2009 y 2011) mientras que en el de la Presidenta Bachelet (2006-2009) se perdieron 45 mil empleos al año.

Esas ideas fueron profundizadas luego por el propio Presidente en el Encuentro Nacional de la Pequeña Empresa. Allí señaló que al asumir la Presidencia, Chile era “un país que había perdido el norte y el ritmo y el rumbo y que iba en un camino de decadencia (…) Era un país que cada día crecía menos, que cada día creaba menos empleos, que en lugar de crear emprendedores, los estaba destruyendo, la productividad que había sido un gran aporte al crecimiento se había transformado en un lastre, porque ya era negativa y restaba al crecimiento del país”. Y agregó: “Sé que a algunos les molesta que un gobierno de centroderecha muestre avances en temas como la igualdad de oportunidades, la lucha contra la pobreza y el término de la lista de espera”.

Según antecedentes recogidos por CIPER, durante décadas, nunca, hasta ahora, un gobierno había pedido a la CEPAL revisar los cálculos de la CASEN. Polémicas hubo, y de todas ellas hay constancia en el mundo académico y de expertos que ha trabajado en el área. Pero ninguna de ellas puso en duda el resultado final. Del mismo modo, otros expertos precisan que la inclusión de la pregunta “y11” no es de por sí irregular. Incluso puede tener una justificación técnica aceptable. Lo que sí resulta al menos curioso es que en todas las explicaciones que ha dado hasta ahora el gobierno sobre la CASEN, se haya omitido el hecho de que la CEPAL hizo dos entregas de esta encuesta; que el gobierno, en un hecho inédito, argumentó para que se incluyera una pregunta que es cuestionada por muchos académicos en cuanto a que impide la comparación de los resultados de la misma encuesta entre 2009 y 2011; y que fue la inclusión de esa respuesta la que incuestionablemente hizo bajar el índice oficial de la pobreza en Chile.

EL CREDITO DE LA CEPAL

Hay aún otro elemento que también se ha omitido y que le da un cariz más grave a lo que ha ocurrido con la CASEN 2011. Según los testimonios recogidos por CIPER, y siguiendo el mismo procedimiento empleado por décadas, la difusión del resultado oficial de los índices de pobreza “corregidos” debía hacerse junto con un documento que explicara en detalle la metodología empleada para el cálculo, qué consideraciones hubo y, en especial, un párrafo donde se registrara para conocimiento público las consideraciones que se tomaron en cuenta respecto de la inclusión de las respuestas a la pregunta “y11”. Ese documento está redactado, pero nadie lo conoce. Inexplicablemente está en poder de la secretaria general de la CEPAL, Alicia Barcena, desde el 17 de julio pasado, el mismo día en que la CEPAL entregó “corregida” la CASEN a MIDEPLAN.

CIPER intentó obtener una respuesta de la bióloga mexicana Alicia Barcena, pero no fue posible. En la CEPAL informaron que se encuentra fuera del país, en El Salvador, participando del trigésimo cuarto período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe, el que culmina el viernes 31 de agosto.

Difundir ese documento, dando cuenta de las precisiones técnicas de esta encuesta, habría permitido a muchos investigadores cuestionar con argumentos técnicos las afirmaciones del gobierno sobre la baja de la pobreza. Es muy probable que ese documento hubiese moderado el tono de los anuncios del gobierno. Y, más importante aún, habría dado otro tono al debate público sobre el trascendental tema de la pobreza. Pues si la pobreza se hubiera mantenido en 15% igual que en 2009, (o se hubiera informado el 14,4% con las precisiones técnicas que hacía la CEPAL), una pregunta posible habría sido: ¿por qué aumentan los empleos y la pobreza no baja? ¿Es culpa de la calidad de los empleos creados, como lo han sostenido persistentemente los estudios de la Fundación SOL?

Difícil situación la de la CEPAL. Porque frente a las críticas hechas por los expertos, el ministro Joaquín Lavín ha puesto como primera línea de defensa el prestigio de la CEPAL. Así lo hizo en el foro en el Centro de Estudios Públicos (CEP): “Aquí el gran garante de las cifras y de la ‘comparabilidad’ es la CEPAL, una institución respetada por todos, que viene haciendo este trabajo hace 20 años. Y déjenme decirles que ellos son preocupados al máximo de que la ‘comparabilidad’ sea total. Ellos revisan pregunta por pregunta si esto es comparable o no. Y si no lo es, entonces ‘fuera’. Uno les dice, ‘pero cómo, si aquí se están poniendo ingresos’: ‘fuera’. Uno les dice, ‘oiga, esta pregunta no es exactamente igual’: ‘sí es comparable’. Eso es importante, porque si uno pensara que los gobiernos revelan estas cifras como quien saca un conejo del sombrero, uno podría entrar a muchas discusiones, pero la verdad es que hay una institución súper seria que garantiza la comparabilidad”.

En la misma línea de argumentación fue la defensa de la subsecretaria Soledad Arellano: “Llama la atención la preocupación que se plantea ahora, pues el cambio realizado es bastante menor respecto al del 2006, cuando se incluyeron al menos 19 nuevos registros de ingreso, que probablemente tuvieron efecto en las estimaciones de pobreza. En todo caso, si la CEPAL las aceptó, antes y ahora, es porque era la mejor opción y no generaba problema. Por lo demás, así lo manifestó el encargado de la CEPAL cuando dijo que los resultados eran comparables con los de 2009”.

Frente a estas declaraciones y a la polémica desatada, la CEPAL ha permanecido en silencio, aumentando las sospechas de quienes piensan que el cambio en su cálculo no tiene explicación técnica. La CEPAL trabaja en la medición de la pobreza en toda América Latina y un daño a su prestigio no solo tiene resonancia en la política local, pues la duda de haber cedido a presiones en Chile permite preguntarse por la validez de los datos que entrega en países con gobiernos que, a la luz de sus actuaciones públicas, se puede presumir que presionan muchísimo más.

En este cuadro crítico, la difusión del documento explicativo de la CEPAL, con los detalles metodológicos sobre el doble muestreo, si el bono asistencial que entregó el gobierno un mes antes de realizarse la encuesta en terreno se dividió por doce, y los fundamentos técnicas sobre la inclusión de las respuestas a la pregunta “y11”, entre otras consideraciones, se hace urgente.

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