lunes, 3 de septiembre de 2012

La vergüenza de la Casen

3 de septiembre de 2012



BENITO BARANDA
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La teleserie que se ha armado a partir de los resultados de la Casen 2011 ha sido nefasta para la construcción de la confianza (tan dañada hoy) de los ciudadanos hacia las instituciones del Estado. No había sucedido en el pasado algo así. Si bien un grupo de personas desde hace más de una década hemos afirmado que el instrumento como está hoy ya no sirve para lo que fue construido y que por lo tanto las cifras allí aparecidas no reflejan lo que efectivamente ocurre en la realidad (entre ellos el actual ministro de Hacienda), nunca antes se levantó una polémica así.




Las causas inmediatas de este drama pueden ser varias, pero hay una que es la más grave y de alta responsabilidad: querer señalarnos desde el Poder Ejecutivo que hubo una baja significativa de la pobreza entre el 2009 y el 2011, e incluir como punto de comparación en el power point de la primera presentación pública, una ‘pseudo Casen posterremoto’ aplicada el 2010 (no comparable), lo que fue una falta de respeto a la inteligencia de quienes trabajamos desde hace mucho tiempo por la superación de la pobreza e injusticias en Chile.

Además, seamos honestos y digámoslo con absoluta responsabilidad: dado el contexto social y económico en que hemos estado el 2010 y el 2011, éste es un resultado malo. Recordemos que crecimos al 6%, creamos 700.000 nuevos puestos de trabajo, el PIB per cápita subió entre el 2009 y el 2011 en US$ 2.000 (alcanzó los US$ 17.000), el precio del cobre ha estado por sobre los US$ 3; esto es casi un mundo de fantasía para los economistas, pero lamentablemente no sirvió.
Además, seamos honestos y digámoslo con absoluta responsabilidad: dado el contexto social y económico en que hemos estado el 2010 y el 2011, éste es un resultado malo. Recordemos que crecimos al 6%, creamos 700.000 nuevos puestos de trabajo, el PIB per cápita subió entre el 2009 y el 2011 en US$ 2.000 (alcanzó los US$ 17.000), el precio del cobre ha estado por sobre los US$ 3; esto es casi un mundo de fantasía para los economistas, pero lamentablemente no sirvió. Y que se diga también claramente: las tres regiones más densamente pobladas de Chile (Metropolitana, Bio Bio y Valparaíso) no bajaron la pobreza; por el contrario, sumadas entre sí la aumentaron levemente.

Luego de todo esto le tocó el turno a los economistas. Varios de ellos con rigurosidad técnica y coraje se enfrentaron a lo que las autoridades habían señalado. Entre estos cabe destacar a Dante Contreras y Claudia Sanhueza. Un pronunciamiento de un grupo de éstos pidiendo aclaraciones es respondida con otra similar por otro grupo defendiendo el instrumento, lo que terminó siendo una discusión infantil hecha por adultos que ‘ven la realidad, pero no la quieren ver’ (como diría Saramago). ¿Cuántos de ellos han vivido en pobreza, tienen a sus hijos en escuelas municipales, viven en poblaciones, ganan el salario mínimo…etc., o por lo menos tienen sus viviendas al lado de quienes hoy están en situación de pobreza y exclusión? Hace mucho tiempo a varios la realidad se les alejó, ya que la remplazaron por sus estadísticas que solo sirven para ‘reducir la disonancia cognitiva’ producida por la pobreza y las injusticias reales. De uno y de otro lado, la gran mayoría —en especial cuando gobiernan— no han querido cambiar, mejorar ni enriquecer el instrumento, ni han tenido la voluntad para modificar la política más excluyente que se realiza desde el Estado que es la de vivienda. También hay un manto de dudas que se levanta acerca de estos profesionales y de sus reales intereses.

Me pregunto por lo tanto: ¿Dónde quedaron en medio de estas discusiones las personas excluidas, quienes viven cotidianamente en la pobreza material y son víctimas de una marginación social vergonzosa dado el nivel de desarrollo que ha alcanzado Chile?

La ‘teleserie Casen 2011’ ha ocurrido en pleno mes de la solidaridad, en el que recordamos a San Alberto Hurtado, quien luchó por la dignidad de los más excluidos, no por dádivas ni ‘bonos’, sino por el reconocimiento de sus derechos como ciudadanos donde efectivamente radica el acceso a las oportunidades igualitarias, como lo es, por ejemplo, la educación de calidad, la vivienda socialmente integrada y un trabajo digno con una compensación justa.

Hay un solo mandato ante el escenario actual para no hacer de esto una ‘nueva indignidad’ y es el establecer la verdad en base a lo que ocurre en la realidad: primero la Encuesta Casen en las condiciones actuales sirve poco o nada para lo que fue diseñada (y se presta para estas discusiones políticas) por lo que hay que modificarla. Y  segundo, son necesarias de manera urgente las medidas multidimensionales de la pobreza (dada la complejidad mayor de la exclusión social). Por lo menos hay dos ámbitos que van en esta dirección y que deberían preocuparnos de sobremanera (tanto o más que la pobreza medida según los ingresos), estos son la movilidad y la integración social.

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