jueves, 23 de agosto de 2012


Domingo 12 de agosto 2012

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Mujeres pobres y obesas

Por Vivian Lavín
Una de las conclusiones más sorprendentes del estudio “Género, pobreza y obesidad” es que en nuestro país son las mujeres pobres las que más pesan. Si bien los Encuesta Nacional de Salud 2010 del Ministerio de Salud (MINSAL) arrojó que casi el 65 por ciento de los/as chilenos/as mayores de 15 años tiene exceso de peso, al analizar de manera más específica y hacer los cruces de género, la mirada cae sobre las mujeres.
La oportuna mirada sobre este fenómeno que se realizó un grupo de profesionales pertenecientes al Centro Interdisciplinario de Estudios de Género (CIEG) y al Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), todos de la Universidad de Chile, permite si bien no llegar a conclusiones rotundas, sí al menos, aproximarnos de manera honesta y precisa a las preguntas correctas.
La pandemia de la obesidad afecta al mundo entero y, como señalan estos investigadores, las causas provienen de múltiples factores, donde intervienen elementos genéticos y metabólicos, la falta de actividad física y los hábitos alimentarios. Esto pone de manifiesto que para abordarla no es posible hacerlo sólo desde el punto de vista de la salud, sino que debe ser tratado de manera integral, “conjugando el trabajo de diversos sectores, como desarrollo social, educación, vivienda, obras públicas, entre otros”, y habría que agregar de manera rotunda: cultura.
Resulta impresionante que el manoseado objeto mercantil que imponen los medios de comunicación a través de la publicidad, como también el cine y toda la iconografía del siglo XXI, sea la imagen de la mujer delgada y bella, no afecte de manera directa a la mayoría de la población femenina como un modelo a seguir. Por el contrario, el ícono es ignorado engrosándose de manera drástica las tallas de las chilenas.
¿Cuál es el hambre que buscan saciar las mujeres en Chile? Tratándose de cuestiones alimentarias, son las mujeres las que tienen la voz cantante, no sólo porque son las que preparan los alimentos, sino que además, son jefas de hogar en un porcentaje cada vez más alto. Mujeres solas que deben enfrentar la manutención de todo el grupo familiar. Mujeres solas que reciben una canasta básica que no incluye los elementos que se hacen verdaderamente de primera necesidad.
Una de las quejas más comunes de los padres es que nadie les enseña las claves de la paternidad, debiendo enfrentar una tarea difícil y desafiante de manera instintiva. Lo mismo sucede con el amor. El filósofo y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, Humberto Giannini, en su libro “La metafísica eres tú” dice: “Los hombres de estos tiempos no hemos sido educados en la sabiduría, esto es, en una reflexión práctica acerca de ´la vida buena`”. Y justamente en su quehacer filosófico este destacado pensador chileno busca recalcar el encuentro afectivo e intelectual con “el Otro”.
La educación que hoy se exige no debe sólo apuntar a la calidad y a la equidad, sino sobre todo, a una enseñanza que entregue a las nuevas generaciones los elementos básicos para una reflexión en torno a la persona como un ser complejo, que no se acaba en la satisfacción de lo básico.
La avidez de la que nuestra sociedad hoy es víctima no está sólo, aunque debe por pasar primero ellas, en las soluciones habitacionales o de salud. Es un hambre que ansía entender las claves de “esa vida buena” que los filósofos y poetas vienen señalando desde hace siglos, pero que la ceguera de los que no quieren ver y la sordera de los que no quieren oír, mantienen invisibilizada. Claves de la vida buena, que se pueden aprender en una sala de clases y también en un programa de televisión. Esa vida buena que permitiría a los que tienen mucho, compartir con los que tienen menos, sin reformas tributarias ni echándole la culpa al modelo…

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